Relleno de labios: qué debe enseñar un buen curso

Un buen primer curso de relleno de labios enseña lo variable que es el trayecto de las arterias labiales, cómo elegir el producto y cuándo usar aguja o cánula. Le enseña a reconocer una oclusión vascular y a tratarla con hialuronidasa. Después, le permite tratar a pacientes reales bajo una supervisión estrecha. Conviene hacerlo después de un primer curso de toxina botulínica y de una zona de relleno más sencilla.

Los labios son una de las zonas de la cara que más se tratan con rellenos [2]. El estándar público más detallado para este tipo de curso lo redactó en 2015 Health Education England, el organismo de formación sanitaria de Inglaterra [1]. Es una guía para Inglaterra, no la ley de su país, pero ningún otro documento público detalla con tanta precisión lo que debe enseñar un curso de rellenos.

Las arterias labiales no discurren en una sola capa

Un estudio de 193 cabezas de donantes caucásicos, disecadas en seis departamentos de anatomía, encontró las arterias labiales superior e inferior en todos los labios. Lo más habitual, en el 78,1 % de los casos, fue que la arteria discurriera entre la mucosa oral y el músculo orbicular de la boca. Estaba dentro del músculo en el 17,5 % y entre el músculo y la piel en el 2,1 % [2].

La arteria cambiaba de capa a lo largo de su trayecto en el 29 % de los labios superiores y en el 32 % de los inferiores. La línea media fue el punto más variable en ambos labios, y allí la arteria aparecía con más frecuencia en posición superficial [2]. El estándar inglés exige un conocimiento profundo de los vasos, nervios, músculos y compartimentos grasos de la cara, y de las zonas de peligro [1]. Un curso debería enseñar el labio como un conjunto de probabilidades, no como un esquema.

Elegir el producto, la aguja o la cánula se aprende

El estándar pide conocer la farmacología de los rellenos permanentes, semipermanentes y temporales, y saber elegir el producto más adecuado para cada paciente. También pide conocer las ventajas e inconvenientes de la aguja y de la cánula, y saber usar cada una correctamente [1].

Un estudio con 370 dermatólogos estadounidenses, que notificaron 1,7 millones de jeringas inyectadas, muestra por qué ambas deben formar parte del curso. Hubo una oclusión por cada 6.410 jeringas inyectadas con aguja y una por cada 40.882 con cánula [3]. Aun así, los autores concluyen que el instrumento adecuado puede depender del paciente, de la zona y del defecto que se trate [3]. También señalan que los rellenos de ácido hialurónico, a diferencia de los demás estudiados, pueden disolverse con hialuronidasa [3].

La oclusión vascular también ocurre en los labios

En ese mismo estudio, 106 de los 370 dermatólogos, es decir, el 28,6 %, notificaron al menos una oclusión. Con ácido hialurónico, los surcos nasogenianos y los labios reunieron casi la mitad de todas las oclusiones faciales. Considerando todos los tipos de relleno, el 85 % de las oclusiones no dejó secuelas a largo plazo [3]. También se han descrito casos de ceguera tras inyectar relleno en los labios [2].

El estándar inglés exige reconocer la oclusión vascular, que puede provocar necrosis cutánea, cicatrices o ceguera permanente, y administrar con rapidez el tratamiento de urgencia. También exige saber usar la hialuronidasa: cuándo está indicada, cómo diluirla y administrarla, y qué complicaciones puede causar ella misma [1].

Práctica supervisada con pacientes reales

Los dermatólogos que llevaban más de 5 años inyectando rellenos tenían un 70,7 % menos de probabilidades de provocar una oclusión que sus colegas con menos experiencia [3]. Esa experiencia empieza en el curso.

El estándar inglés exige que al menos la mitad del programa sea formación práctica, y que el 80 % de esa parte se realice normalmente en un entorno clínico real. Para los rellenos dérmicos fija, por cada tipo de tratamiento, un mínimo de 10 tratamientos observados en 10 pacientes distintos y 10 realizados bajo supervisión en otros 10 [1]. Para algunos procedimientos, entre ellos los inyectables, exige un alumno por supervisor. El supervisor debe tener al menos 3 años de experiencia , haber realizado 150 procedimientos del mismo tipo, y saber tratar las complicaciones [1].

Un resultado natural empieza por la valoración y el consentimiento

El estándar espera que un curso de rellenos enseñe equilibrio y proporción faciales, una valoración cuidadosa y un plan de tratamiento para cada paciente [1]. También contempla el consentimiento informado, un acuerdo sobre el resultado previsto y la capacidad de reconocer el trastorno dismórfico corporal [1]. En un curso de labios, eso significa practicar cómo rechazar una petición, además de cómo inyectar.

Qué preguntar antes de inscribirse

  • ¿Cuántos tratamientos de labios haré yo mismo? Pida una cifra y pregunte si serán pacientes reales o modelos.
  • ¿Quién supervisa y cuántos alumnos tiene a su cargo? Pregunte cuánto tiempo lleva tratando labios y si sigue atendiendo a pacientes.
  • ¿Practicaremos el manejo de una oclusión vascular? Pregunte dónde se guarda la hialuronidasa durante el curso.
  • ¿Aprenderé a usar aguja y cánula? Pregunte cómo decide el curso cuál conviene a cada paciente.
  • ¿Se evalúa la competencia o la asistencia? Un certificado solo por asistir no acredita lo que usted sabe hacer.

Antes de pagar, pida el horario con las horas prácticas señaladas, el número de tratamientos de labios que hará usted mismo y el nombre de quien le supervisará.

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