Microneedling: modesto, real y frecuentemente sobrevendido

El microneedling ocupa una posición incómoda en la práctica estética: la evidencia respalda un beneficio modesto y real, y el marketing que lo rodea promete algo considerablemente mayor. Los profesionales que lo presentan con exactitud suelen tener pacientes satisfechos; quienes adoptan el marketing suelen tener pacientes que se sienten engañados tras tres sesiones.

Qué hace

La microlesión controlada de la dermis provoca una respuesta de cicatrización y, en las semanas siguientes, colágeno nuevo. Los beneficios más claros están en las cicatrices atróficas de acné y en la calidad general de la piel: textura, tono y aspecto de las líneas finas. La mejoría se acumula a lo largo de un ciclo de tratamientos y continúa durante un tiempo tras el último, y por eso evaluar después de una sola sesión no significa nada [2].

Lo que no hace es tensar la piel laxa, reponer volumen ni eliminar arrugas estáticas profundas. Un paciente cuya preocupación real es el descenso o la pérdida de volumen quedará decepcionado por bien que se realice el procedimiento.

Profundidad y punto final

La profundidad se elige según la zona y la indicación, y las cifras concretas corresponden a las instrucciones del dispositivo. El punto final también depende de la indicación: un eritema leve y uniforme es lo habitual en el rejuvenecimiento superficial, mientras que en el tratamiento de cicatrices se suele llegar al sangrado puntiforme. Lo que no ayuda es una profundidad o unas pasadas repetidas que vayan más allá de lo que exige la indicación, porque la inflamación es lo que produce las complicaciones pigmentarias.

En pieles muy pigmentadas esta prudencia probablemente importa más: con los tratamientos láser y de luz, los fototipos oscuros tienen mayor riesgo de discromía y cicatrices, y es razonable aplicar al microneedling la misma cautela ante el exceso de inflamación [3].

La clase del dispositivo no es un detalle

Los dispositivos que penetran la piel con una finalidad médica están regulados, y ese marco cubre la fabricación, el etiquetado y la trazabilidad. En la práctica esto importa de dos maneras concretas [1].

Primero, los cartuchos de agujas son de un solo uso. Reutilizarlos es un riesgo de infección que ningún protocolo de limpieza resuelve, y es el tipo de atajo que termina con una consulta en lugar de ahorrar dinero.

Segundo, los rodillos domésticos que los pacientes compran por internet son algo distinto de los dispositivos profesionales, y los pacientes los combinan a menudo con el tratamiento en clínica sin mencionarlo. Pregúntelo siempre.

El microneedling asistido por radiofrecuencia es un procedimiento aparte con un perfil de riesgo aparte: añade calor, y el calor reintroduce las consideraciones térmicas que el microneedling simple evita. No debe considerarse una simple versión mejorada del mismo procedimiento.

A quién no tratar

  • Cualquier persona con infección activa, acné inflamatorio o un brote herpético en la zona.
  • Pacientes con antecedentes de cicatrices queloides o hipertróficas.
  • Cualquier persona con melasma aún no controlado con tratamiento tópico, o con otro trastorno pigmentario activo que la inflamación pueda empeorar.
  • Pacientes con medicación o enfermedades que afecten a la cicatrización, sin haberlo hablado con su propio médico.
  • Cualquiera que espere un efecto tensor, restauración de volumen o un resultado en una sola sesión.

Qué hay que decirle al paciente

Que hace falta un ciclo, no una sesión; que la mejoría es gradual y continúa después de terminar el tratamiento; que un enrojecimiento de uno o dos días es normal; que la fotoprotección entre sesiones forma parte del tratamiento y no es un consejo; y que el resultado realista es una piel de mejor calidad, no una cara distinta.

Fotografíe siempre en las mismas condiciones. La mejoría gradual es exactamente la que los pacientes no perciben sin una comparación, y esas mismas fotografías protegen frente a la reclamación de que nada cambió.

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